martes, 6 de diciembre de 2011

Dos errores de Peña Nieto

Humberto Moreira finalmente cayó. Y ahora muchos dicen que fue un acierto de Peña Nieto que así fuera. Yo, por el contrario, creo que se trató de un error. No el que Moreira dejara la dirigencia nacional del PRI sino que, en primera instancia, Peña lo hubiera promovido para llegar a tal puesto.


Me explico. Los políticos profesionales, antes de tomar una decisión de a quién van a nombrar para un puesto, deben someter al aspirante a un proceso de investigación. El famoso vetting. El concepto es muy importante: antes de designar a Fulanito a un puesto de gran importancia hay que indagar todos los posibles "esqueletos dentro del clóset" que tiene y que eventualmente puedan salir a la luz pública causando un desastre de proporciones mayores.

Sabemos que Peña Nieto fue el que apoyó a Moreira para llegar a la presidencia del PRI. La pregunta es muy sencilla: ¿alguien del equipo de Peña hizo el vetting de Moreira? Hay tres posibles respuestas:

1. No lo hicieron e igual apoyaron para que Moreira se convirtiera en dirigente nacional del PRI.

2. Lo hicieron, pero mal, de tal suerte que nunca se enteraron de la contratación multimillonaria de deuda en Coahuila presuntamente falsificando documentos.

3. Lo hicieron, sabían de la deuda del estado que gobernaba Moreira, pero consideraron que no era un tema que pudiera convertirse en escándalo.

Cualquiera de las respuestas, se trata de un error de Peña y su equipo. No es posible que un político profesional como el ex gobernador del Edomex no haya realizado el vetting de Moreira o lo haya hecho mal o no haya medido las consecuencias. A la postre, le costó una andanada de críticas en contra del presidente del partido. Eventualmente tuvo que removerlo. Se trata de un acierto el que lo haya destituido, pero dicho acierto es hijo de un error.

El otro error lo cometió Peña la semana pasada. Ante una pregunta muy simple y predecible, sobre todo en una Feria del Libro, dio una respuesta lamentable. Cuando le preguntaron los tres libros que lo han marcado, no supo qué contestar. Vale la pena ver el video que circula en internet para observar cómo se fue enredando. De pena ajena el laberinto que incluye olvidos, confusiones y tartamudeos.

Lo cual demuestra una verdad de Perogrullo: que Peña es humano y puede errar. Y esa es precisamente la importancia de las campañas electorales: demostrar quién es quién en la competencia por el poder.

Cuando me preguntan quién va a ser el próximo Presidente de México yo siempre contesto que no sabemos. Y no sabemos porque las campañas pesan. Pongo el ejemplo de lo sucedido con el gobernador de Texas, Rick Perry, quien se lanzó a conquistar la candidatura presidencial del Partido Republicano para las próximas elecciones estadunidenses de 2012. Muchos pensaron que se trataba de un gran candidato presidencial: un populista de derecha con un buen récord gubernamental en su estado. Los primeros días después de anunciar su intención de competir subió como la espuma, tanto en las encuestas como en las apuestas. Se volvió el favorito para quedarse con la nominación republicana. Hasta que comenzó a hablar. Dijo un sinnúmero de estupideces, se olvidó de detalles importantes y trastabilló. En pocos días, cayó. Subió como globo, pero sus propias palabras lo pincharon.

He ahí la importancia de las campañas: que los candidatos hablen. Pero, como dice mi colega Carlos Elizondo, si eso sucedió con Perry fue porque en Estados Unidos los candidatos están obligados a hablar mucho. La presión es tremenda. Los medios los cuestionan todo el tiempo de todo tipo de temas. El problema es que, en México, con la absurda legislación electoral que tenemos, se privilegia más el silencio de los candidatos que el debate constante e intenso. Algo que, sin duda, tendríamos que cambiar. Porque las campañas son un elemento indispensable para que los electores veamos de qué están hechos los candidatos que pretenden gobernarnos.

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